Vagabundeo nocturno

Me despierto en plena noche atraída por el calor y la luz de la luna. ¿ Una sensación irreal me invade, soy visible ? Me acerco, el animal inmóvil me parece desilusionado. ¿ Me conoce ? ¿ Ha vivido esto mil veces ?Quizá me ignora, su mirada me incita a alejarme. Lo evito por la derecha, aunque no es la dirección que aspiro.

Cada paso me aleja de la luna y de su consuelo. En mitad de esa noche rara, siento que derivo. Floto, y me adentro en las tinieblas. ¿ Cual es ese  apego ? ¿ Es por sí mismo que el animal no puede moverse.

Una vez más, su inmovilidad me impone el camino, y me alejo de nuevo. El silencio es ensordecedor. La luna me escapa muy despacio. El bosque se vuelve todavía más oscuro y profundo. Creo controlar mi vagabundeo hasta que un ave me muestra el trayecto. ¿ Que presagia los lazos a sus pies ?

Me hundo en la noche, alejándome de la atracción lunar. No puedo progresar, la maleza me bloquea. Ahora la luz no es más que salpicada señalándome su reflejo en un río de desdicha. 

El agua me parece frío, no quiero arriesgarme, los corrientes son fuertes, no quiero que me arrastren. Pero el animal me pide comprometerme. Mi pensamiento esta atraído, mi cuerpo no existe. Contemplo mi deriva, incapaz de moverme. 

Tras largas horas, en un entorno hostil, me veo lanzada en una tierra fértil hasta un cuerpo celeste, redondo  y en paz. Cuando soñaba la luna como un asilo, mi mente volátil buscaba su nido.

El huevo es un regalo pero ya me pertenece. Solo estoy recuperándole. Enseguida, me deslizo en su manta terrestre. Ave nocturna, recojo mi lazo, el que me une a la vida real, el que me libera de mi vagabundeo.

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